El dolor pelviano
El dolor pelviano responde a múltiples orígenes y se transforma en un gran problema cuando se hace crónico afectando a los tejidos locales, lo que de forma generalizada hemos llamado congestión pélvica. Unos profesionales atribuyen la causa a disfunciones viscerales u orgánicas, mientras que otros lo asocian a problemas psíquicos. Evidentemente estas causas suelen estar relacionadas prácticamente en el 90% de los casos, incluso frecuentemente sin presentar síntomas importantes en los primeros estadíos.
Suele ser el motivo de consulta en la mujer achacándose a un origen ginecológico, siendo común, si no remitiesen los síntomas, que el paciente efectúe una peregrinación de especialistas, de tratamientos, estas dolencias son entendidas en primera instancia por el ginecólogo, achacándolo a los órganos de la reproducción , mientras que el urólogo sospecharía que proviene de la vejiga o uretra, en tanto que el gastroenterólogo intentaría estudiar el intestino delgado, recto y ano, así como el traumatólogo a problemas músculo esqueléticos locales, que quizás sea el origen más común del dolor pélvico crónico no ginecológico con un origen lumbopúbico o craneocervical con componente esfenobasilar isquémico (tálamo-hipofisario). El osteópata en la evaluación efectúa una integración por planos locales relacionando de forma refleja los segmentos neurológicos relacionados para confirmar, desde el interrogatorio y la sintomatología, la lesión mecánica, descartando procesos degenerativos y sintetizando el tratamiento mecánico de más a menos resistente y de lo más agudo a lo más crónico.
Las congestiones pélvicas afectan más a las mujeres que a los hombres, por la situación de la esfera genital y su sistema suspensor de sostén . En el hombre pueden permanecer en estado crónico durante años sin manifestar ninguna clínica visceral, siendo las más frecuentes las vesicoprostáticas. En la mujer, sin embargo, es una de las patologías más frecuentes, con una sintomatología más variada -síndrome premenstrual con edema abdominal, amenorreas, dismenorreas, metrorragias, retraso so adelantos del ciclo mestrual, localizándose los dolores en la zona abdominal baja, zona inguinal, cara anterior de la pierna, lumbalgias, y cefaleas en fase ovulatoria o menstrual, que afecta al estado de ánimo _y relación con su entorno con tendencia a cambios de humor y depresión. Las alteraciones ginecológicas afectan, sobre todo, al aparato genital de las mujeres, representado por el útero y sus dos ovarios, siendo el componente mecánico la causa más frecuente y como responsable directo el piramidal de la pelvis, descartando las infecciones, traumatismos sobre el coxis, zona abdominal baja, etc.
La contracción por adaptación, función o traumatismo de este músculo, va a afectar al complejo vasculonervioso en la escotadura mayor ciática, alterando la circulación de la esfera genital y su inervación, así como su posición, al arrastrar el sacro, solicitando los ligamentos de sostén que alteran la ubicación del útero.
De esta manera se crean mecanismos de defensa que producen desarreglos en la función hormonal, dolores menstruales asociados a dolores lumbares, alteraciones sensitivas en las relaciones sexuales -tanto de dolor como de falta de sensibilidad- y/o cefaleas a través de las membranas de tensión recíproca (duramadre espinal), que transmite la lesión del sacro a las membranas intracraneales y zona suboccipital de anclaje.
noticiadestaca:TRATAMIENTO EN LA MUJER
Todos los síntomas citados, asociados al diagnóstico mecánico articular de las lesiones sacroilíacas y utilizando como diagnóstico diferencial pruebas viscerales, que tienen relación directa con el útero y ovarios (intestino delgado, zona ileocecal, sigmoides y vejiga) y descartando los problemas infecciosos o tumorales, orientan al terapeuta en el tratamiento a seguir.
Este tratamiento va dirigido a restablecer la pérdida de elasticidad de los grupos musculares, que dificultan la circulación venosa y linfática y que afectan a las estructura pélvica y vertebral, como el piamidal de la pelvis psoas-ilíaco y cuadradado lumbar, y otros asociados.
Después del tratamiento de tejido blando, se restablece la posición del sacro en la lesión sacroilíaca quecorresponda, pasando seguidamante a restablecer las zonas reflejas vertebrales afectadas (D9, L2-L3 y L5-S1). Una vez trabajada la estructura, se pasa a la zona abdominal, restableciendo el peritoneo parietal (más superficial), y el cisceral afectado, quitando los visceroespasmos, adherencias y pérdidas de elasticidad del peritoneo, sobre todo las útero-vesico-intestinales.
Se termina con el restablecimiento de la zona genital interna por vía intravaginal, que permite elastificar los ligamentos del sistema sispensor, como los uterosacros y ligamentos anchos, directa e indirectamente; para pasar seguidamente a las alteraciones de posición, como las lateroversiones, anteversiones, retroversiones, prolapsos, versoflexiones, etc.
De esta forma, se permite que el útero tenga la elasticidad, en todos los sentidos, que puede ser desplazado, por influencia del recto, vejiga o colon ascendente o descendente.
El seguimiento lo efectúa el paciente en casa, con ejercicios dirigidos a mejorar la elasticidad y activación de la circulación de la pelvis menor.
noticiadestaca:TRATAMIENTO EN EL HOMBRE.
En el hombre, el tratamiento de estructura y visceral es casi igual. Se trata de quitar las adherencias prostato-vesico-intestinales, eliminando los viscero-espasmos y, por último, por vía intrarectal descongestionar la próstata por presión directa, para así vaciar las cisternas y permitir el drenaje y relajación de los ligamentos visceroprostáticos; primero en sentido oblicuo vesicoprostático descendente, bulbouretral ascendente y, por último, lateromedial global.
noticiadestaca:DIAGNÓSTICO
Para resumir, el diagnóstico viene precedido de exploración física para descartar neoplasias (adenocarcinoma prostático, miomas, quistes, etc.) y el tratamiento sigue un orden de mayor a menor resistencia, dejando en último lugar el órgano que manifiesta los síntomas, siendo la clínica la que varía el orden de tratamiento según el estado agudo o crónico, local, reflejo, etc
Por Francisco Javier Rívas Crespo